{"id":228,"date":"2023-02-22T16:15:20","date_gmt":"2023-02-22T16:15:20","guid":{"rendered":"https:\/\/mazzocco.com.ar\/blog\/?p=228"},"modified":"2023-06-15T18:26:30","modified_gmt":"2023-06-15T18:26:30","slug":"el-miedo-un-impuesto-a-la-innovacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mazzocco.com.ar\/blog\/2023\/02\/22\/el-miedo-un-impuesto-a-la-innovacion\/","title":{"rendered":"El miedo: un impuesto a la innovaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>En 1961 Kennedy decidi\u00f3 que la misi\u00f3n Apolo ten\u00eda tanta trascendencia para el pueblo norteamericano que ameritaba la inversi\u00f3n de alrededor de us$150 mil millones. La eficaz administraci\u00f3n estatal del temor fue trascendental para poner a los astronautas en la luna.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 se parecen el \u201cProyecto Apolo\u201d &#8211; que puso al ser humano en la luna por primera vez &#8211; y el desarrollo\u00a0<b>tecnol\u00f3gico\u00a0<\/b>argentino? En que ambas misiones parecen imposibles cuando uno las imagina y, adem\u00e1s, producen temor en quien se atreve a ejecutarlas.<\/p>\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">En el libro \u201cMission Economy\u201d, que est\u00e1 revolucionando la forma de pensar y entender el papel del Estado, la profesora italiana<b>\u00a0Mariana Mazzucato\u00a0<\/b>intenta mostrar que su rol debe cambiar hacia uno m\u00e1s activo, abandonando el tradicional y secundario papel de simple corrector de fallas de mercado. All\u00ed nos invita a imaginar Estados involucrados, junto con privados, en proyectos innovadores y que est\u00e9n a la vanguardia de la ciencia y la tecnolog\u00eda. Para Mazzucato, el Estado debe tomar riesgos y aventurarse en ambiciosos proyectos para generar valor social a sus ciudadanos. Para mostrar que esto es posible, ella toma un caso testigo: la misi\u00f3n espacial que durante el gobierno de JFK intent\u00f3 \u2013 y logr\u00f3 &#8211; llegar a la\u00a0<b>luna<\/b>, trayendo de vuelta a sus astronautas sanos y salvos.<\/p>\n<div class=\"inline ad-wrapper\">\n<div class=\"dfpAd ad-inline\">\n<div id=\"infobae\/opinion\/nota\/inline\" class=\"infobae\/opinion\/nota\/inline arcad\" data-google-query-id=\"CJzjo5TbzP0CFZaNlQIdUroLkA\">\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">El proyecto Apolo fue el desaf\u00edo p\u00fablico m\u00e1s arriesgado durante los 100 a\u00f1os anteriores a \u00e9l y demand\u00f3 una enorme experimentaci\u00f3n. Uno de los secretos de su \u00e9xito fue la capacidad estatal para tomar riesgos y adaptarse a nueva informaci\u00f3n. Debido a que toda innovaci\u00f3n se produce a trav\u00e9s de un proceso de prueba y error, el miedo al fracaso inhibe el proceso de aprendizaje. Tal como describe Mazzucato en su libro,\u00a0<b>Robert Goddard<\/b>, el padre del cohete moderno, experiment\u00f3 durante a\u00f1os antes de lograr su primer \u00e9xito. Hasta ese momento, todos los cohetes de Goddard fallaban y s\u00f3lo lograban alcanzar una altura m\u00e1xima de 2.5 km. En lugar de abandonar y dejar de gastar dinero en su infructuoso proyecto, \u00e9l sigui\u00f3 probando hasta demostrar que sus cohetes eran viables.<\/p>\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">Uno de los secretos del proyecto Apolo fue que todo el trabajo y la innovaci\u00f3n generada por el Estado fue mission-oriented (dirigida hacia la misi\u00f3n) sin desviaciones producidas por las cr\u00edticas de la opini\u00f3n p\u00fablica o la pol\u00edtica partidaria. Otro secreto fue la capacidad que tuvo la NASA \u2013 el ente de gobierno responsable del proyecto \u2013 para realizar contratos con empresas privadas con el fin de desarrollar toda la tecnolog\u00eda necesaria para que los astronautas lleguen a la luna. Esto requiri\u00f3 inventar cosas que eran ciencia ficci\u00f3n para la \u00e9poca, y que eran absolutamente indispensables para que un cohete y un m\u00f3dulo lunar funcionaran en el espacio: ellos deb\u00edan pasar de la hidr\u00e1ulica (la tecnolog\u00eda b\u00e1sica que permit\u00eda maniobrar los aviones de la \u00e9poca), a la electr\u00f3nica (una herramienta hasta el momento desconocida). Esto s\u00f3lo fue posible gracias al trabajo mancomunado de decenas de compa\u00f1\u00edas privadas trabajando junto al Estado con un prop\u00f3sito com\u00fan. Otro dato interesante es que la\u00a0<b>NASA\u00a0<\/b>no celebr\u00f3 contratos de consultor\u00eda con empresas, sino que se asoci\u00f3 con ellas para el desarrollo del proyecto. Y hasta invirti\u00f3 en firmas peque\u00f1as y desconocidas, pero que estaban realizando investigaciones sobre tecnolog\u00eda que resultaba esencial para la misi\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">Los grandes proyectos suelen ser de largo plazo, pero los presupuestos son de corto y est\u00e1n sujetos a los vaivenes pol\u00edticos. Sin embargo, en 1961 Kennedy decidi\u00f3 que la misi\u00f3n Apolo ten\u00eda tanta trascendencia para el pueblo norteamericano que ameritaba la inversi\u00f3n de alrededor de us$150 mil millones. Pero la apuesta no fue s\u00f3lo p\u00fablica. Tambi\u00e9n fue privada. General Motors gast\u00f3 alrededor de US$100 millones para desarrollar el combustible de propulsi\u00f3n secundario y el tanque de oxidante. United Aircraft invirti\u00f3 US$600 millones para desarrollar el generador de bater\u00edas. Y Aerojet Rocketdyne y Honeywell gastaron alrededor de US$1.600 millones de d\u00f3lares entre ambas, para desarrollar la turbina de propulsi\u00f3n y el sistema de control y estabilizaci\u00f3n. Estas inversiones privadas, sin las cuales hubiera sido imposible para la NASA desarrollar estas tecnolog\u00edas, s\u00f3lo fueron realizadas porque el Estado brind\u00f3 a las empresas las condiciones legales necesarias para que sus due\u00f1os se animaran a sumarse.<\/p>\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">Cuando uno lee las cr\u00f3nicas de la \u00e9poca, se encuentra con un sentimiento predominante: el\u00a0<b>miedo<\/b>. Tanto James Webb, el entonces administrador general de la NASA, como el mism\u00edsimo presidente John Fitzgerald Kennedy debieron lidiar con las m\u00e1s \u00e1cidas cr\u00edticas por parte de los medios de comunicaci\u00f3n, el p\u00fablico en general y los comit\u00e9s del senado que pensaban que todo esto era una gran locura. No olvidemos un dato crucial: en 1967, el desastre del Apolo I (se prendi\u00f3 fuego matando a todos sus tripulantes) se convertir\u00eda en una p\u00e9sima se\u00f1al para quienes se animasen a so\u00f1ar con otro intento de viaje al espacio.<\/p>\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">Por eso, la eficaz administraci\u00f3n estatal del temor fue trascendental para poner a los astronautas en la luna. Y no fue s\u00f3lo esto lo que logr\u00f3 la humanidad por esta proeza. Miremos algunas de las tecnolog\u00edas de impacto directo en la vida de las personas que se derivaron de la gran locura que fue el proyecto Apolo: (i) la espuma de alta absorci\u00f3n, que luego fue utilizada en calzados deportivos; (ii) la electr\u00f3nica inal\u00e1mbrica; (iii) los relojes de precisi\u00f3n de cuarzo; (iv) la comida deshidratada y congelada; (v) los paneles solares; (vi) el combustible l\u00edquido; (vii) los respiradores artificiales; (viii) los simuladores de terremotos; (ix) los materiales ign\u00edfugos; (x) los cardio-desfibriladores implantables; (xi) los marcapasos programables; (xii) la tecnolog\u00eda de di\u00e1lisis; y (xiii) la aparatolog\u00eda de im\u00e1genes m\u00e9dicas.<\/p>\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">Entonces, pensando en la Argentina, me pregunto: \u00bfEs la econom\u00eda del conocimiento nuestra propia luna? \u00bfEs la educaci\u00f3n nuestro Apolo? S\u00ed. Ambos lo son.<\/p>\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">Y, al igual que la aventura espacial, nuestra educaci\u00f3n tambi\u00e9n generar\u00e1 un derrame de inventos, trabajos, riqueza, desarrollo y paz social. Tambi\u00e9n producir\u00e1 la tecnolog\u00eda m\u00e1s m\u00e1gica y necesaria: la esperanza.<\/p>\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">La educaci\u00f3n de ni\u00f1os, j\u00f3venes y docentes en Econom\u00edas del Conocimiento tambi\u00e9n es algo nuevo, desconocido e intimidante. Y, al igual que en el proyecto Apolo, requiere de un esfuerzo p\u00fablico y privado. Y vencer el miedo a las cr\u00edticas, las zancadillas pol\u00edticas y el oportunismo.<\/p>\n<p class=\"paragraph\" data-mrf-recirculation=\"Links inline\">Pero es momento de tomar riesgos. Ojo: todos. Estado y privados. Funcionarios p\u00fablicos y ciudadanos comunes. Es momento de pensar en nuestros ni\u00f1os. Para que puedan mirar hacia arriba, y s\u00f3lo vean estrellas y oportunidades. Porque lo \u00fanico peor que el fracaso, es el miedo a fracasar.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>FUENTE: <a href=\"https:\/\/www.infobae.com\/opinion\/2023\/02\/16\/el-miedo-un-impuesto-a-la-innovacion\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><strong>Infobae<\/strong><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1961 Kennedy decidi\u00f3 que la misi\u00f3n Apolo ten\u00eda tanta trascendencia para el pueblo norteamericano que ameritaba la inversi\u00f3n de alrededor de us$150 mil millones. 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