Una belleza que somos incapaces de crear. Ese es su don, que justifica la existencia más breve. Viven sólo un día. Impactantes colores; capaces de mover el mundo. Una mariposa parada sorpresivamente sobre nuestra mano es capaz de emocionarnos; de hacernos cambiar de opinión; de alterar el rumbo de nuestra vida.
Cada segundo de su existencia está justificado por como sacude al mundo. Y su rápida extinción no eclipsa semejante poder. Mueren rápido; pero la magia está hecha.
Los bebés judíos degollados por la organización terrorista Hamás también vivieron poco. Menos de lo que ellos hubieran soñado. Menos de lo que sus madres suplicaron. Pero durante su día de existencia dejaron algo que cambiará al mundo para siempre: el valor de la Vida. El deber de cuidarla. Abrieron sus alas… de belleza magnética… para sacudirnos con este precepto universal.
Implacable.
Algo que no somos capaces de entender; ni viviendo cien años. Algo que no hemos logrado comprender por nuestros propios medios.
Medios y Miedos. Mismas letras que explican todo.
En diferente orden.
Mariposas.
Nuestras.

